Una de las ciudades más cosmopolitas de Europa hoy alberga dos culturas unidas por una tradición e historias únicos que suponen de una cocina de mestizaje. 

Hablar de la comida japonesa es, sin duda, hablar de costumbres, cultura y tradición. Es comenzar a degustar sabores umami que son poco fáciles de determinar en el paladar, pero que deleitan de igual manera. La simbiosis entre esta gastronomía de uso exclusivo también llegó al Perú y dejó una huella. Hoy por hoy, se ha convertido en una influencia tan exquisita que ha llegado a servirse en la mesa de los comensales madrileños con sabores que erizan la piel.

Nikkei Peruano

Una de las mejores cocinas del mundo nace precisamente de la combinación de otras culturas. La gastronomía peruana es en concreto, una mezcla constante de sabores de todo el mundo y gracias a los insumos de la zona es que brillan en texturas, sabores y colores que la hacen una de las mejores comidas por excelencia. Gracias a la influencia japonesa, los peruanos lograron afinar los detalles en la preparación del famoso cebiche, hoy reconocido a nivel mundial por ser el plato bandera del Perú.

Gracias al chef Jhosef Arias hoy los madrileños pueden disfrutar de esta exquisita mistura en el norte de la capital española, exactamente en Las Tablas. Entre salteados y makis con sabores muy inusuales para el paladar local, Arias ha buscado que su viaje a Perú sin salir de Madrid se haga aún más completo con este punto imperdible. Su vasta carta con opciones llamativas han hecho de Hasaku, una de las propuestas más atrevidas que dejan a más de uno con la curiosidad por internarse en este complejo mundo de la gastronomía japoperuana.

Influencia nipona

Durante los años 20, una ola migratoria irrumpió las calles peruanas con extranjeros de origen japonés. Un acuerdo comercial entre ambos países logró que una amplia población nipona llegara como mano de obra al país sudamericano. Era de esperarse que, con nuevos insumos locales y nuevas especies de pescado, los japoneses buscaran la manera de preparar sus propios platillos compartiendo, así, las técnicas y sabiduría que adquirieron en su país. El peruano hábilmente aprendió de forma rápida las técnicas necesarias para implementarlas en los platillos que quedaron como parte de la llegada de los españoles, y que estos, a su vez, habían aprendido desde las invasiones árabes en la península.

Tal riqueza y aprendizaje, se mimetizaron en un menjunje de sabores y colores, salteados y enrollados, así como los acebichados que, finalmente, le otorgaron a la cocina peruana el título de la mejor del mundo por muchos años y de forma consecutiva.

Cocina de agradecimiento

Es gracias a esta influencia constante, que los peruanos dan gracias al mundo a través de sus exquisitos platos. Hasaku Nikkei busca precisamente recordar este tipo de influencia y hacer de él una cocina óptima repleta de sabores intermedios entre oriente y occidente.

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